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ERTE, pérdidas e incertidumbre: así viven las panaderías y restaurantes el estado de alarma por coronavirus

ERTE, pérdidas e incertidumbre: así viven las panaderías y restaurantes el estado de alarma por coronavirus

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Las pequeñas empresas buscan con dificultad alternativas para mantener a flote sus negocios

Las panaderías y restaurantes viven los primeros días del estado de alarma y de confinamiento por el coronavirus con confusión y muchas dudas. “Por decreto del Gobierno nosotros hemos podido abrir, porque somos panaderos”, explica Dolors Rius, del Forn J. Rius, aunque se han visto obligados a cerrar el servicio de cafetería y a reducir el horario comercial el mínimo tiempo posible, “por lo que hemos decidido cerrar por las tardes”.

Esta panadería, que cuenta con cuatro establecimientos en Vilafranca del Penedès, fue previsora desde que empezó a extenderse el Covid19 en China y lleva más de un mes haciendo formación a los trabajadores y transmitiéndoles todos los protocolos de seguridad y sanidad que llegan desde PIMEC, el gremio y CatSalut. A pesar de ello, han optado por no abrir dos de los locales que más dependían de los trabajadores de oficinas de alrededor.

La apertura de la tienda debe estar muy controlada y evitar que se acumulen clientes, por lo que les hacen entrar “de uno en uno” al igual que los trabajadores, “uno despacha y otro cobra”: “alguna gente lo entiende bien y otros no entienden nada; nos preguntan por qué no hacemos ni cafés ni desayunos y les decimos que es por seguridad”, comenta Rius. A pesar de ello, han optado por poner taburetes delante del mostrador, porque la gente “se ponía encima”, además de poner carteles y cintas en algunos puntos “para que mantengan la distancia”, y de usar mascarillas, guantes y seguir las medidas de prevención.

Los equipos -inspirados en la organización de los sanitarios- se han reducido y reorganizado en turnos de 15 días para evitar que los empleados estén tan en contacto entre ellos.

Vendiendo un 60% menos

Los panaderos están viviendo la situación “muy mal”, comenta Jaume Bertran, presidente del Gremi de Flequers de Barcelona. “Los hornos de barrio están vendiendo un poco más, pero los que se dedican a la restauración lo han perdido todo”, afirma con contundencia. En su negocio, el Forn Mistral de Barcelona, están vendiendo “solo un 40% de lo habitual”.

Es un momento “muy crudo -dice-, muchas empresas después de esto no levantarán cabeza”, porque no habrá dinero para pagar a los trabajadores, especialmente el pequeño empresario, que no tiene la misma “capacidad de funcionamiento para arreglar las cosas”, como, por ejemplo, Burger King, que ha planteado un ERTE a sus 14.000 empleados en España.

El ERTE (expediente de regulación temporal de empleo) es una de las herramientas que está en boca de empresarios, medios y políticos para paliar la debacle económica que está ocasionando el parón, pero hacerlo no es sencillo. “Los teléfonos de las gestorías están colapsados y no tienen toda la información”, señala Bertran, que afirma que en la televisión se anuncian opciones pero que hay mucho desconocimiento a la hora de implementarlas. El presidente incide en que los ERTE no se pueden hacer de un día para otro, que la relación laboral entre las pequeñas empresas es peligrosa y que se complica a la hora de aplicarlo a los compañeros con los que trabajas codo con codo. El teléfono del Gremi, asegura, no para de sonar con consultas de agremiados que buscan respuestas.

Los restaurantes, lo más perjudicados

Los negocios de restauración, a diferencia de las panaderías, no pueden abrir las puertas cara al público y solo tienen la opción de limitarse a hacer entregas a domicilio sin contacto. Sin embargo, no a todos les sale a cuenta. “Me lo he planteado, pero calculo que tendría entre 12 y 14 clientes, tendría que hacer un menú único y no es a lo que están acostumbrados”, explica Manolo Díaz, del restaurante Les Valls de Tarragona, que además encuentra obstáculos en el tema de la movilidad porque teme que las autoridades los detengan a medio reparto. Por ello, Díaz ha descartado la entrega a domicilio que, finalmente “a nivel económico no me soluciona nada”, lamenta.

Lo mismo ocurre con muchas pizzerías. “La mayoría de nuestros socios ha tenido que cerrarla” por la ordenanza del Gobierno, explica Antonia Ricciardi, presidenta de la Universita’ della Pizza Italiana nel Mondo (UPIM). Según Ricciardi, algunas sí han optado para hacer reparto, pero son una minoría.

Díaz, que ya tenía más conocimiento acerca de los ERTE, ha podido agilizar el proceso y ha puesto sobre la mesa aplicar uno. Con el ERTE, el trabajador pierde temporalmente su trabajo y pasa a cobrar el 70% del sueldo, el cual le abona el Estado. El empresario, en este caso, queda también eximido de pagar la cuota de Seguridad Social, por lo que los gastos de los restaurantes se verían limitados al alquiler o hipoteca del lugar y a otros gastos fijos, de los que se excluye la luz y el gas, porque no se consumen al no haber actividad.

Foto: Imagen de archivo / Getty Images

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