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Pollitos, huevos y conejitos de chocolate y plumas ¿cuál es su significado?

closeup of a toy chick emerging from a pink egg, some easter eggs and feathers of different colors on a wooden surface and a mona de pascua, a cake eaten in Spain on Easter Monday, in the background

Los escaparates de las panaderías y pastelerías nos hacen pegar la nariz a sus cristales para disfrutar de las piezas de venta y exhibición en Semana Santa.

Algo tienen esas tartas y bollos especiales que se adornan con figuritas de todo tipo… casi siempre con los personajes de moda para el público infantil, jugadores de fútbol, princesas Disney, reyes del cómic… no perdemos detalle de sus idas y venidas sobre placas de chocolate y jugoso bizcocho pero, invariablemente, cambian año tras año. En cambio, sobre las dulces bases, suele haber una serie de figuras que perviven Pascua tras Pascua: huevos y conejitos de chocolate, peludos pollitos con patas y pico de plástico y plumas de colores acompañan a las dulces creaciones pascuales. ¿Por qué motivo?

Para el Dr. Minna Shkul, codirector del proyecto Perspectivas Ocultas en el Instituto Sheffield para Estudios Bíblicos Interdisciplinarios en la Universidad de Sheffield (Reino Unido), el simbolismo de los huevos y la primavera hunde sus raíces en creencias antiguas, paganas y cristianas. Varias fuentes señalan que la gallina y el conejo son dos animales que significan fertilidad y que se representan junto a la antigua diosa germana de la primavera, del despertar de las fuerzas germinativas, Ostara. Se cree también que este es el origen del nombre que el mundo anglosajón da a esta época del año: ‘Easter’.

El misterio del huevo

Huevos pintados, cocidos y pintados, teñidos, huevos hechos con metales y piedras preciosas de Fabergé, huevos de chocolate… El huevo se asocia a rituales paganos que se representaban en el equinoccio de primavera. En civilizaciones antiguas, como la egipcia, el huevo se asociaba con la creación del universo. De hecho los antiguos egipcios creían que los dioses y las criaturas divinas salían de los huevos de la creación.

La imaginería nórdica también incluye elementos simbólicos en este sentido como los descritos en el poema épico complicado por Elias Lönnrot en el siglo XIX ‘Kalevala’ y que se basa en la tradición oral finlandesa: aguas míticas, pájaros místicos y deidades sirven para ilustrar la creación del mundo a partir de seis huevos de oro y uno de hierro.

La tradición cristiana, especialmente la ortodoxa, mantiene la asociación del huevo a la resurrección de Cristo ya que se cree que María Magdalena llevaba una cesta de huevos cocidos para compartir con otros seguidores de Jesús que se reunían en el sepulcro cuando descubrió a Cristo saliendo de él. Pero también hay fuentes que indican que los huevos eran parte ritual de las celebraciones paganas en la primavera.

Huevos con sorpresa

Con el transcurso de los siglos la nueva vida que promete el huevo se reconfiguró con sorpresas y la más extravagante de las conocidas hasta la fecha: los huevos de Fabergé que los zares rusos encargaron al joyero entre 1885 y 1917 para celebrar la Pascua y que simbolizaban, además, la opulenta riqueza de los Romanov.

Los huevos pascuales de chocolate se ubican en Europa en el siglo XIX y parece que su origen fueron unos huevos sólidos elaborados por Cadbury en 1875 aunque, para poder añadirles una sorpresa, se dejaron huecos por dentro. En España los bollos y dulces de Pascua se acompañaban de huevos cocidos que se teñían de colores o se pintaban. Plumas y pollitos saliendo de la cáscara o ya sin cáscara son decoraciones no comestibles destinadas a durar, al menos, algunos días más que el pastel. Si en la naturaleza el nido del ave es redondo, está lleno de cáscaras rotas, pollitos piantes y plumas que se desprenden y es una de las representaciones de la primavera en la que se produce esa nueva vida. Probablemente los bollos y pasteles redondos y huecos en el centro representen esa regeneración primaveral del nido apoyados con los huevos, pollitos y plumas de juguete.

El conejito de Pascua

Esta es una tradición que parece que llega a la antigüedad germana pero que en Estados Unidos se ha convertido en la figura que trae que los huevos de Pascua. Es una asociación curiosa, sin duda. Parece que el conejito de Pascua llegó a América en el siglo XVII los inmigrantes alemanes que se instalaron en Pennsylvania… y que en folclore incluían una liebre llamada ‘Osterhase’ u ‘Oschter Haws’, nombre que guarda mucha similitud con la antigua diosa Ostara, y que dejaba huevos coloreados escondidos en los agujeros del suelo en Pascua.

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