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“Mi vida después del descubrimiento del pan”

“Mi vida después del descubrimiento del pan”

Soy Enric, un electrónico industrial reciclado a informático de sistemas, que empezó en esto de la panificación casera de pura casualidad, animado por un vecino (amigo y mejor persona), llamado Abel Sierra.

Desde aquí Abel, te agradezco el «empujón metafórico» a que me atreviera a tocar harinas, y los primeros consejos que me diste. Gracias.

Por aquel entonces buscaba una afición más allá del tema informático, ya que era un poco absurdo, llegar a casa después de todo el día peleándome con servidores y equipos, y ponerme a navegar por internet.

Los que me conocen personalmente, saben que tengo una discapacidad física, y que eso en demasiadas ocasiones puede resultar un hándicap, una barrera en ocasiones infranqueable, y a pesar de ello, intenté asomarme (metafóricamente hablando), a ver cómo era ése mundo.

Empecé, como muchos de los que somos panarras caseros, haciendo panes muy simples de método directo y sin fermentación.

Panes que me sabían a gloria, y de los cuales sentía cierto orgullo, y que ahora miro con curiosidad y le veo mil fallos y correcciones posibles.

Pero todo en esta vida, tiene momentos de inflexión, y en mi caso fue asistir a mi primer curso para aficionados con Ibán Yarza. El descubrimiento de las fermentaciones, los prefermentos, la masa madre…, abría ante mi, un mundo dónde experimentar, aprender y sobre todo disfrutar.

Y como dice el dicho «Lo importante, no es llegar, sino disfrutar del trayecto», y en este caso no es diferente.

Disfrutar aprendiendo de grandes maestros, probando nuevas harinas, nuevas técnicas.

Disfrutar en cada clase magistral, de cada quedada panarra con los grandes amigos que se hacen en este mundillo, de cada feria o exposición donde te invitan.

En este último ejemplo, una de las más gratificantes, ha sido (y será, no lo dudo), la invitación por parte de Lot Roca (Harinera Roca), junto a la total predisposición personal del organizador Eduard Verdaguer, al congreso Barcelona Kapital Pa, donde primeras espadas del mundo de la panadería, hacían demostraciones y grandes empresas mostraban sus productos y maquinaría.

Entrar en el recinto, y que haya profesionales que te saluden, porque saben de tu existencia, de quien eres, es algo indescriptible, doy fe.

Aunque si soy sincero, lo que más me sorprendió agradablemente, fue ver la cara de mi mujer  (que me acompañó al evento), disfrutar como si una panarra se tratara. Ella, que es totalmente ajena al sector.

Después de unos años en este mundo, todo se ve con una perspectiva diferente.
Todos, profesionales y amateurs, buscamos mejorar nuestra manera de hacer las cosas (cada uno dentro de sus posibilidades). Y la lucha por conseguir un pan de calidad, nos involucra a unos y otros.

Quien escribe, es un ferviente defensor del pan artesano, de las fermentaciones largas, de la metodología artesanal, adaptada a los tiempos que corren pero sin perder la esencia.

Es por eso, que entiendo a la perfección y doy soporte a la lucha de los profesionales que hacen las cosas con cariño, siguiendo la tradición y luchando contra unos gigantes (como son las grandes casas de panificación industrial), sin rendirse ni ceder.

Si algo he perseverado yo mismo (siendo un granito de arena, en un desierto inmenso), ha sido en concienciar a mi entorno, de los beneficios de los panes artesanales, de las largas fermentaciones.
Hago hincapié en que recuerden como eran aquellos panes, cuando nuestros padres eran pequeños, aquellos panes que duraban 3 días. Aquellos panes con sabor y con olor. Que daba igual con que los comieras que te recordaban al cereal en cada bocado.

El poder casi recrear esas elaboraciones, con los medios que dispongo en casa y un horno básico (sin contar los problemas que me acarrea a la hora de formar el pan, mi hemiparesia), es una de las cosas más satisfactorias que me han pasado.

Es por eso que he animado a más de una persona a que lo intente. Básicamente, porque si una cosa he aprendido en estos 6-7 años que llevo haciendo pan en casa, es que además de algo satisfactorio a nivel personal, puede ser una gran terapia – o como en mi caso- una forma de dar visibilidad a un colectivo como el de las personas con discapacidad congénita, que somos obviadas en demasiados ámbitos de esta vida.

El único ingrediente imprescindible para hacer pan, es cariño y tiempo.

El resto es cuestión de práctica, y sobre todo perseverancia.

No me queda más que agradecer a todos aquellos profesionales que me han abierto las puertas de sus obradores y han transmitido toda la sabiduría, como quien comparte un pedazo de pan.

Me perdonaréis que no nombre a todos y cada uno de los que me habéis orientado, ya que no me gustaría dejarme a ninguno.

Sólo os diré que ¡¡¡muchas gracias!!!

Es todo un honor que me publiquéis este escrito, que no pretende otra cosa más que mostrar, que ¡SI QUIERES PUEDES!

Enric Torné Fernández

 

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